Para una respuesta justa, sabia y efectiva

 

Este es el texto de la carta, fechada el 19 de septiembre, que el presidente de la Conferencia Episcopal Católica de EE.UU. ha enviado al Presidente George W. Bush.

 

 


Querido Sr. Presidente,

Después de los ataques terroristas de la semana pasada, quisiera reiterarle que estamos solidariamente a su lado y de todo el pueblo norteamericano, rogando por nuestra amada nación en este momento de tan terribles pérdidas y graves decisiones.

Los acciones, casi bélicas, del pasado martes son ataques patentes no sólo contra nuestra nación sino contra toda la humanidad. Nuestra nación, en colaboración con otras, tiene el derecho y la grave obligación moral de defender el bien común contra tales ataques terroristas. Por consiguiente, apoyamos los esfuerzos de nuestro país y de la comunidad mundial para buscar y detener, según las leyes nacionales e internacionales, a los individuos, grupos o gobiernos responsables. Es deber también de todos los ciudadanos ser conscientes de esta amenaza común, y estar dispuestos a los sacrificios necesarios para apoyar las acciones de nuestro país, diversas y prolongadas, encaminadas a dar una respuesta moralmente responsable.

Su Administración es consciente de la necesidad de una amplia gama de medidas de seguridad, políticas, diplomáticas, legales y militares indispensables para detener este tipo de terrorismo, y llevar ante la justicia a sus ejecutores y patrocinadores. Al mismo tiempo que debemos tener en cuenta la especial naturaleza de esta nueva clase de amenaza terrorista, cualquier respuesta militar debe estar de acuerdo con los principios morales, especialmente las normas tradicionales de la "guerra justa", como son la probabilidad de éxito, la proporcionalidad de los medios, y la protección de la población civil. Nuestra nación debe asegurar que la grave obligación de proteger las vidas inocentes dirija las decisiones tanto a nivel político como militar.

Así como cargamos con la grave responsabilidad de defender el bien común según los medios morales apropiados contra el terrorismo global, no podemos perder de vista el objetivo último y la responsabilidad de usar la enorme influencia y poder de nuestra nación para contribuir a un mundo más justo y en paz. Entre otras cosas, espero que nuestra política exterior pondrá nuevo énfasis en profundizar nuestro compromiso con el mundo árabe y musulmán y, en particular, continuará haciendo todos los esfuerzos para una resolución justa y pacífica del conflicto palestino-israelí.

Quisiera recomendarle que hiciera una llamada al pueblo americano para repudiar los actos de intolerancia étnica y religiosa. Los árabes americanos y los musulmanes no son nuestros enemigos, sino nuestros hermanos y hermanas, parte de nuestra familia nacional. Los ataques contra ellos son ataques contra todos nosotros. Su liderazgo sostenido en este punto será de extrema importancia en los próximos meses.

Pedimos a Dios que la respuesta y el esfuerzo prolongado para acabar con el terrorismo, sea por medios justos, sabios y efectivos, confiando en las palabras del Papa Juan Pablo II: que el pueblo norteamericano "no caiga en la tentación del odio y la violencia sino en el compromiso de todos para servir a la justicia y la paz".

Atentamente,

Rev. Joseph A. Fiorenza
Presidente de la USCCB