APRENDER DE UNA CRISIS
REFLEXIÓN SOBRE
LA COYUNTURA POLÍTICA
Cristianisme i Justícia - n. 104 - novembre 1995
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Los dos últimos años van a pasar a la historia como la época más oscura de nuestra reciente democracia.
La memoria del ciudadano casi no puede ya retener la larga lista de siglas (GAL, CESID, FILESA...), de nombres propios de altas personalidades de las finanzas o de la administración (que no citamos por un último respeto a las personas), y de parcelas de la vida política (fondos reservados etc) que parecen infectadas por la peor enfermedad que puede tener una democracia: la corrupción y la falta de honestidad.
Tanto si se trata de una "conspiración exterior contra el estado" como de una "degradación interior del estado", es lógico que en la opinión pública reine la alarma, el escándalo, o simplemente el desengaño de la vida ciudadana y política.
Creemos que una situación tan grave pide una palabra que no pretenda constituirse en juez de nadie, ni hacer leña con los árboles caidos, sino contribuir a paliar el desgaste que toda esta historia supone para nuestro sistema y para una democracia frágil, que no puede construirse en solo veinte años.
1. HORA DE ESPERAR
Se comprende que una situación de esa gravedad acabe suscitando impaciencias y tomas de posición precipitadas o airadas, en las que cada cual se erige en juez con los datos que tiene o los afectos que le tienen.
Por eso debemos comenzar diciendo que ha llegado el momento de la paciencia. La cuestión en sus diversas manifestaciones está ya en manos de los jueces. Y (aunque ninguna justicia humana es perfecta), a nosotros como ciudadanos nos corresponde ahora no echar más leña al fuego, dejar actuar a la justicia (colaborando con ella si nos es posible), y ejercitar ahora la presunción de inocencia para con todos, aunque desde la convicción que ya señalamos en otro momento, de que una presunción de inocencia jurídica puede equivaler a una confesión de incompetencia política.
Lo que más debería preocuparnos como ciudadanos no es que se cumplan nuestros "pronósticos de culpabilidad" sino que no se llegue a un arreglo de "borrón y cuenta nueva" entre los poderosos: eso sería una herida de muerte para el estado de derecho.
2. AMBIGÜEDAD MEDIÁTICA
Los acontecimientos de este año nos sirven también para una reflexión sobre los Medios de Comunicación Social. Los ciudadanos hemos podido ver hasta qué punto todos los MCS sirven a intereses previos, y les es muy difícil la neutralidad en este tipo de conflictos.
Al igual que suele ocurrir tras muchas eleciones (donde todos los políticos pretenden hacer ver que "han ganado ellos" sea cual sea el resultado), hemos podido ver cómo cualquier acontecimiento o cualquier dato nuevo que surgía, era interpretado por cada MC como argumento en favor de las posiciones que él venía defendiendo, aunque el de enfrente lo interpretase también como confirmación de sus posiciones contrarias.
Decir esto no es negar la enorme importancia de los MCS y el gran servicio que pueden prestar (y han prestado de hecho) en el control del poder. Es sencillamente reconocer que ellos también son poder y, por tanto, que el ciudadano debe saber hacer una lectura crítica de todos ellos, para que la información no se convierta en indoctrinación, y la opinión pública no se limite a ser una opinión "publicada".
3. UNAS CLOACAS QUE NO CONSTRUYEN DEMOCRACIA
Es voz común entre la ciudadanía que la antigua cultura del enchufismo está siendo reforzada por una "cultura del chantaje". Y que muchos poderes (legales y "fácticos") luchan en estos momentos "a golpe de dossier".
La erótica del poder, o la "estructura libidinal del dinero", han dejado de ser tópicos de libro. Y demasiados personajes de la vida "pública" (tanto política como económica, empresarial, social, sindical o cultural) nos aparecen hoy como verdaderos maníacos del poder o del dinero, aunque a la hora de los discursos seguirán amparándose en aquello de que "mandar es servir".
No tenemos todavía razones decisivas para aceptar la hipótesis de una "conspiración". Pero sí que las tenemos, y muchas, para pedir que las batallas y los odios que parecen enfrentar a muerte a diversas personalidades "públicas", no se libren a costa de lo que nos es más necesario a todos: la garantía de unas instituciones suficientemente firmes y saneadas, para podernos permitir una convivencia pacífica y respetuosa. De lo contrario, podríamos ir viéndonos cada vez más expuestos a un doble peligro: el resquebrajamiento de las instituciones, que permitiría el influjo en ellas de determinados poderes fácticos o ideológicos; y el desencanto frente a una democracia que tantó costó, y que ahora aparece como incapaz de garantizar una convivencia equitativa, dando lugar a tentaciones que ya creíamos definitivamente superadas.
4. MIRADA A NOSOTROS
Ante la avalancha de escándalos que venimos soportando, es preciso que todos nos preguntemos cuántos usos, comunes o dominantes en nuestra sociedad, son simplemente el caldo de cultivo para semejantes abusos.
La corrupción tiene una base social: no es cosa de hace sólo dos años ni de unos pocos nombres, sino que ha tenido una larga vida latente. Todos deberíamos preguntarnos sinceramente cuál es nuestro respeto a toda vida ajena (incluso a la del enemigo); qué lugar ocupan la honestidad, el favoritismo o la prepotencia de las mayorías absolutas en nuestra escala de valores. Deberíamos preguntarnos si estamos convencidos de que el fin no justifica los medios, ¡ni aunque tenga éxito!; o si creemos en la eficacia a toda costa, y en el enriquecimiento como valores supremos.
De lo contrario, si como informan los MCS, sigue creciendo el racismo entre nuestra juventud y el fraude fiscal entre nuestros adultos, puede que acabemos haciendo bueno aquel círculo vicioso ya conocido por los estudiosos de la política: primero la disociación entre el país político y el país real, que acaba justificando el refrán de que "cada pueblo tiene los gobernantes que se merece". Y luego la necesidad de buscar algún chivo expiatorio en quien (creyendo hacer justicia), acabamos descargando una ira inconsciente que sentíamos en el fondo contra nosotros mismos. El peligro de toda esta crispación sería un resurgir de las "dos Españas" machadianas, capaces cada una de ellas de "helarnos el corazón"
5. LA POLÍTICA A PESAR DE TODO
Quisiéramos terminar con una doble consideración:
La primera es una reivindicación de la política como vocación: una de las supremas vocaciones del ser humano. Quien sólo aspire en ella al propio enriquecimiento o al culto propio, debería buscar otros campos. Pues la crisis actual se produce cuando todavía no estamos suficientemente socializados en la democracia, cuando todavía quedan en nosotros algunos resabios de la anterior cultura totalitaria y cuando, por otro lado, la democracia representativa se está revelando como radicalmente insuficiente, y habría que ir buscando modos de avanzar hacia una democracia más participativa.
En un momento así, sólo personas duchas en ese difícil "arte de lo posible" y con verdadera vocación de servicio al país (y no a las mediaciones), podrán ayudarnos a salir de la crisis, tal y como pudimos ver todavía no hace mucho y aun con las imperfecciones típicas de las cosas humanas, en eso que se ha llamado "la transición española".
La segunda consideración viene sugerida por el hecho de que pronto van a ser convocadas elecciones generales anticipadas, consecuencia precisamente de la crisis que estamos comentando. Además de la recomendación elemental de que se evite un voto acrítico (como el voto del miedo o el voto de la rabia), quisiéramos insistir en la necesidad de una participación masiva. Ultimamente se ha hablado de la "abstención de castigo". Pero la abstención, y más en este caso, resulta un gesto ambiguo, porque puede ser interpretado como comodidad o falta de interés. Si se considera necesario un voto de castigo, queda siempre la posibilidad del voto en blanco, que es más expresivo y menos ambiguo. Pero al menos, creemos que se nos exige ese mínimo esfuerzo de la participación.