COMUNICADO DE

LA CONFERENCIA

EPISCOPAL DE

GUATEMALA

 

A la Iglesia Católica y al pueblo de Guatemala

sobre el asesinato del obispo Juan José Gerardi

 

 

 


 

— 1. El día lunes 26 de octubre se cumplen seis meses del asesinato de nuestro hermano obispo, Monseñor Juan José Gerardi Conedera. Reunidos en Asamblea Plenaria, los Obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala tuvimos presente en nuestra mente y corazón al hermano, al amigo y al incansable luchador por la reconciliación y la paz, que nos fuera arrebatado en forma tan alevosa y cruel.

— 2. Monseñor Gerardi es para nosotros un ejemplo de Pastor que, primero en la Verapaz, luego en Quiché y finalmente en la Archidiócesis de Guatemala, supo entregarse con sensibilidad, sabiduría y constancia a la labor pastoral. Fue también un incansable defensor de la dignidad de la persona humana, especialmente al frente de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado. Se esforzó, no obstante la dificultad y el riesgo que esto comportaba, en hacer brillar la luz de la verdad sobre las páginas posiblemente más oscuras y terribles de la historia de nuestra patria, impulsando el proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). Buscaba sanar la herida profunda que hay en el corazón de un gran número de guatemaltecos y abrir así el camino para una auténtica reconciliación.

— 3. Quienes atentaron contra su vida trataron de darle a este crimen un cariz de delincuencia común o, lo que es más doloroso tadavía, de crimen pasional. Todo lo que ha sucedido durante estos seis meses en torno al asesinato de Monseñor Gerardi, nos lleva a intuir que se trata de un premeditado golpe que se ha dado a la Iglesia Católica en Guatemala. No excluimos que se trate de enviarnos un mensaje, con la pretensión de señalarle límites a nuestra acción pastoral; más aún, quiere ser un recordatorio de que las fuerzas más tenebrosas del país están intactas y poseedoras de un enorme poder. Tenemos indicios de que está en curso una campaña para desprestigiar a nuestra Iglesia.

— 4. En este contexto se comprende con tristeza e indignación la forma, a nuestro juicio totalmente inadecuada, como se ha llevado la investigación de este crimen. La Iglesia Católica, a través de la voz de sus obispos, reiteradamente ha manifestado que no busca sino la verdad.

— 5. Por lo tanto, exigimos en nombre de Dios a las autoridades que tienen la responsabilidad de la investigación del crimen cometido en la persona de Monseñor Gerardi, que en todo momento busquen la verdad y la justicia y que sus actos los enmarquen dentro de estos criterios éticos fundamentales que permiten la construcción de la paz.

— 6. Sorprende la resolución del juez, que sin razones de peso conocidas y en contradicción con el juicio de expertos forenses que estudiaron científicamente el caso, desestimara la petición de libertad que el abogado defensor hiciera en el nombre del padre Mario Orantes y que inmediatamente se interpusiera una acusación formal que ha de llevar hasta el juicio oral.

— 7. Hablamos como pastores al pueblo católico de Guatemala que el Señor ha encomendado a nuestro cuidado. Hermanos y hermanas, perseveren en su confianza en Dios. Que la prueba actual reafirme su amor a la Iglesia que lleva consigo la promesa de Cristo: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos" (Mateo 28,20).

— 8. A ustedes, sacerdotes, religiosos y religiosas, que son los primeros colaboradores en nuestra misión, va nuestro afecto y nuestra palabra cariñosa. En estos momentos de prueba y tribulación, recordemos las palabras del apóstol san Pablo, que en momentos de persecución escribía, "nos vienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos. Andamos con grandes preocupaciones, pero no desesperamos; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aplastados. Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra persona. Llevamos este tesoro en vasos de barro para que esta fuerza soberana parezca cosa de Dios y no nuestra" (2 Corintios 4,8–10.7).

— 9. A usted querido padre Mario Orantes, que está sufriendo un duro calvario, va nuestra palabra de aliento, nuestra exhortación a la confianza y esperanza en Dios. El pueblo cristiano está con usted, acompañándolo con la oración.

— 10. Finalmente, exhortamos a todo el noble y generoso pueblo de Guatemala, que sufrió el duro enfrentamiento de treinta y seis años y que tantas víctimas dejó en nuestra Patria, a que abran su corazón generosamente al perdón y la reconciliación, al esfuerzo en la solidaridad para construir en Guatemala la civilización del amor.

Guatemala de la Asunción, 22.10.1998

Mons. Pablo Vizcaíno Prado

OBISPO DE SUCHITEPÉQUEZ –RETALHULEU

SECRETARIO GENERAL DE LA CEG