Tormenta en un vaso de agua
(Qué dijo el Papa a los obispos españoles)
El discurso del papa a un grupo de obispos españoles, el pasado 14 de enero, suscitó en los medios de comunicación unas reacciones esmesuradas, tanto de parte de quienes estaban a favor como de los que estaban en contra. Ambos coincidían sólo en un punto: en presentarlo como una dura crítica al gobierno del señor Zapatero y un aval al pasado gobierno del PP. Se decía que el papa había hablado incluso a favor del plan hidrológico, de la religión obligatoria en las escuelas y contra las uniones y adopción de parejas homosexuales....
Es bueno, a veces, reexaminar las heridas cuando ya no están inflamadas, y repasar nuestras reacciones cuando ya no estamos bajo los efectos de la falta de serenidad, del entusiasmo o la cólera.
1. Aspectos formales importantes
Antes de entrar en contenidos, convendría aclarar que, en general, unas palabras del papa en contextos como el que comentamos no deberían merecer tanta atención de los MCS: todo el mundo sabe que ese tipo de discursos de altas personalidades públicas se le dan hechos al papa (o al rey) por un grupo de supuestos expertos. Esta observación tiene más valor cuando se trata de un papa al que todos hemos podido ver víctima de una enfermedad degenerativa, mantenido artificialmente y ya casi incapaz de ejercer su cometido. Pero, aunque no fuera así, existe cierta obligación de saber qué valor tienen las palabras de dignatarios eclesiásticos según el contexto en que son pronunciadas. Cuando los medios descuidan esa obligación no hacen más que suministrar mitos a una sociedad que se considera mayor de edad, pero que está enormemente necesitada de ellos.
2. Contenidos
Pero incluso prescindiendo de estas consideraciones formales, y ateniéndonos a los contenidos, voces vaticanas se limitaron a decir ante las reacciones provocadas por el discurso que comentamos: "lean antes lo que ha dicho el papa". Hemos querido atender a esta observación, y hemos encontrado lo siguiente:
2.1. "En... las regiones donde ejercéis la caridad pastoral guiando al Pueblo de Dios, han cambiado muchas cosas en el ámbito social, económico y también religioso, dando paso a veces a la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la práctica cristiana y que afecta consiguientemente a las estructuras sociales mismas.
Algunas zonas viven en la abundancia mientras otras tienen graves carencias. En ocasiones, lo que fueron fuentes de riqueza en tiempos anteriores -por ejemplo, la producción minera y siderúrgica, la construcción naval, diversas empresas- sufren un cierto declive ante el cual hace falta mantener la esperanza. En algunas partes se vive la confrontación social por un recurso natural, el agua; siendo ésta un bien común no se puede despilfarrar ni olvidar el deber solidario de compartir su uso. Las riquezas no pueden ser monopolio de quienes disponen de ellas, ni la desesperación o la aversión pueden justificar ciertas acciones incontroladas de quienes carecen de las mismas."
El primer párrafo resulta bastante tópico en el discurso eclesiástico actual y no creemos que pueda sorprender a nadie. El segundo intenta enumerar la serie de problemas sociales que afectan a las regiones cuyos obispos efectuaban aquella visita (Aragón, Asturias, País Vasco, Castilla-La Mancha...). En este contexto, es una deformación decir que el papa habló del Plan Hidrológico Nacional. El agua es enumerada junto a otras alusiones como la minería o los astilleros. Y de ella sólo se dicen tres cosas: que es un bien común, que no se puede despilfarrar y que hay un deber solidario de compartirla. Son tres principios de una generalidad tal, que nadie podrá estar en contra de ellos. Ver en ellos una defensa del PHN sólo puede ser fruto de un fundamentalismo, sea clerical o anticlerical. Desde nuestro Centro criticamos antaño el PHN y una de nuestras razones era la sospecha de que, so capa de solidaridad, favorecía un despilfarro del agua, que podía ser dedicada no a regadío, sino a fomentar la industria de los campos de (mini)golf que, en todo el sudeste del Mediterráneo, se está convirtiendo en reclamo para atraer un turismo de gentes de cierta edad y buena posición social. Un turismo cuyos empresarios son casi todos miembros o votantes del PP. Decir que no se puede despilfarrar el agua podría aludir a esa sospecha.
Por otro lado, la afirmación de un uso
solidario del agua la comparten, a ese nivel de abstracción, tanto la
derecha como la izquierda. La pregunta en la que el papa no entró es
cómo debe hacerse eso. Y en este contexto nos permitimos preguntar
qué ha ocurrido con las promesas electorales del PSOE en este punto:
qué hay de los planes de desaladoras y demás. La cuestión
del agua es la única de la que no se ha vuelto a hablar tras las elecciones
y tras la anulación del PHN. ¿Por qué?
Según la prensa, un ciudadano de Tortosa escribió a su obispo
dándose de baja de la Iglesia "por las palabras del papa a favor
del PHN": son muchos y graves los defectos de la estructura eclesiástica
actual, pero esta anécdota nos parece que refleja mucho más una
deficiencia en la fe, que una razón válida contra ella. Si alguien
quiere darse de baja, tendrá razones mucho más serias que las
de aquel ciudadano mal informado.
2. 2. "Se va difundiendo una mentalidad inspirada en el laicismo, ideología que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública. No forma parte de la tradición española más noble, pues la impronta que la fe católica ha dejado en la vida y la cultura de los españoles es muy profunda para que se ceda a la tentación de silenciarla. Un recto concepto de libertad religiosa no es compatible con esa ideología, que a veces se presenta como la única voz de la racionalidad."
Estas podrían ser las palabras más duras del discurso. Pero, otra vez: a ese nivel de teoría creemos que no se puede no estar de acuerdo con ellas. Y, aun estando de acuerdo, se puede añadir tranquilamente que esa descripción no afecta a la política del partido gobernante. De hecho el papa habló de una mentalidad, no de una política. Hace muchos siglos decía Cicerón en uno de sus discursos: "sólo podrá enfadarse conmigo el que antes confiese que incurre en lo que he dicho". Vale la pena repensar un poco estas viejas palabras.
2. 3. "La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo a ser educada en la fe. La educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia".
Este punto puede molestar a algunos, pero no parece que de un papa, o de cualquier líder religioso, se pueda esperar otra cosa. Y el tono de las palabras es otra vez más suave que la propuesta del anterior partido gobernante: no dice que la religión haya de ser obligatoria, sino cuando lo pidan los padres, por tanto sin imponerla a nadie; y la valoración académica "acorde con su importancia" puede, y debe quizá, significar algo distinto de las valoraciones de otras disciplinas. En fin, podrá discutirse el párrafo (y quizá hubiera sido mejor hablar de la necesidad de llegar a un consenso dialogado entre todos); pero tampoco es como para despertar sensibilidades inquisitoriales de izquierda. En lugar de ellas sería más útil la siguiente reflexión:
Un problema muy típico de nuestras discusiones políticas es la tendencia a apelar a principios evidentes, cuando el problema a tratar es cómo esos principios se encarnan y de qué modo pueden encarnarse en nuestra realidad concreta. De esta manera lo más difícil, que es el estudio de la realidad, queda sustituido por evidencias vacías. Y además, quien arguye de ese modo, se erige él en único propietario del valor de los principios y valores indiscutibles. El anterior presidente del gobierno fue un maestro en el arte de este escamoteo.
2. 4. [los fieles españoles] "apoyados por sus obispos se sentirán vigorizados en la propia fe para dar un testimonio público y creíble al defender 'el respeto efectivo a la vida, en todas sus etapas, la educación religiosa de los hijos y la protección del matrimonio y de la familia, la defensa del nombre de Dios y del valor humano y social de la religión cristiana'."
Palabras un poco "de communi", esperables de cualquier papa; pero en las que tiene su importancia el calificativo creíble, aplicado al testimonio, y la referencia al valor social del cristianismo. ¿Por qué han de molestarse por ellas gentes que se consideran de izquierda, cuando esos dos adjetivos dejan en bastante mal lugar a la derecha católica del momento?... En cambio, y en contra de lo que se dijo, no hay ni alusión ni condena explícita de la legalización de parejas homosexuales y demás.
3. Reflexión final
Creemos que no nos han dolido prendas otras veces a la hora de criticar a la Iglesia. No nos sentimos evangélicamente cómodos en ella. Pero, en estos momentos, nos parece muy importante que nuestra crispada sociedad no se vaya viendo azuzada a mayor crispación por la irresponsabilidad mediática. Por eso concluimos con un par de observaciones elementales:
3.1. Dialogar no es imponer, es sobre todo escuchar y, por eso, saber y entender lo que dice el otro. Dialogar es aceptar de entrada que el otro no haga lo que yo quiero: y que si no logro convencerle habrá que llegar a un consenso hecho de mutuas renuncias.
3.2. Informar es intentar decir las cosas como son; no como más favorecen a nuestras posturas previas.
Si desde ambas definiciones echamos una ojeada a los diversos medios de comunicación de este país, será fácil llegar a la conclusión de prácticamente ninguno de ellos se caracteriza por el afán de diálogo y de información...
3.3. Y finalmente, una sociedad verdaderamente laica, en el sentido más noble del término, debe tener la serenidad y la madurez suficientes para que las palabras de líderes religiosos no se le conviertan en "propaganda electoral", ni a favor ni en contra. Son simplemente voces dignas de una acogida y una escucha respetuosas pero no imposiciones. Y, para llegar ahí, los participantes en el juego político han de renunciar a la pretensión de convertir cualquier gota de agua en una rédito electoral. Nuestra vida política lleva demasiado tiempo deformada por esa obsesión.
Febrero de 2005
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Marzo 2005.