0'7 = mienten 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante las manifestaciones contra la pasada agresión a Irak, alguna voz oficial preguntó por qué la gente no se manifestaba contra el hambre, que mata mucha más gente que las guerras. Quienes llevaban años luchando contra el hambre sin encontrar más que oídos sordos, sonrieron ante esa solidaridad repentina con los hambrientos, de parte de aquellos que hasta entonces los habían ignorado.

 

 

 

 

 

 

Los datos que siguen pueden mirarse como una “manifestación contra el hambre”, y pueden servir para poner a prueba la sinceridad de quienes lanzaban aquella acusación contra los enemigos de la guerra.

Porque efectivamente, los poderes públicos de los países ricos podrían acabar con el hambre con sólo quererlo: “según el Informe Carlsson, la prevención de la mortalidad infantil y la desnutrición de 50 millones de niños, cuesta 2.500 millones de dolares anuales. Y la escolarización primaria de todos los niños sin escuela cuesta 5.000 millones de dólares" *. Esas cifras pueden obtenerse con solo atender a estos cuatro campos:

     la condonación de la deuda e(x)terna del tercer mundo, que ha sido pagada ya en su totalidad pero cuyos intereses siguen devorando buena parte del presupuesto de estos países;

     la puesta en práctica de la llamada “Tasa Tobin” (o impuesto del 0’1% sobre las transacciones de los mercados financieros);

     las políticas agrarias de los países ricos que subvencionan sus productos agrícolas para poder venderlos baratos (impidiendo así el comercio a los países pobres), mientras que (a través de los créditos del FMI) imponen a estos países la supresión de todas las barreras arancelarias o proteccionistas**.

     Y finalmente el cumplimiento del compromiso del 0’7 al que vamos a dedicar esta breve información.

Muchos recordarán aún aquella época de las “acampadas en favor del 0’7”, es decir: para pedir que nuestro gobierno (y cada gobierno de los países desarrollados), dedicara el 0’7 de su presupuesto anual a ayuda al Tercer Mundo.

0’7 significa que, de cada cien euros que gaste un país, 70 cent. se den para ayuda al desarrollo de los países pobres. Para hacerse cargo del tamaño de la ayuda, imaginemos que vamos a cenar con tres amigos para celebrar cualquier efemérides importante. Nos damos una buena cena, y la factura sale a 25 euros por persona: total 100 euros. Imaginemos que la satisfacción de la fiesta nos decide a dejar una propinita en el restaurante. Y preguntémonos: ¿dejaríamos 70 cms? ¿O pasaríamos por unos rácanos de cuidado si así lo hacemos?. La petición del 0’7 es pues la de una propina miserable tras el festín de nuestros presupuestos.

Usted sabrá también que el IVA, en sus magnitudes más pequeñas, suele ser del 6 % (atención!: no el 0’6 sino el 6%!). La solicitud de dedicar el 0’7 a ayuda al desarrollo no tiene por tanto nada que ver con un impuesto, ni aun de los más bajos. Es, como dijimos antes, una mísera propina. Y sin embargo, como vamos a ver, un Gobierno, tan amante de decir que rebaja impuestos cuando se acercan las elecciones, no ve la manera de cumplir con esa miniatura.

 

1. El año 1972, siguiendo una petición hecha por la ONU en 1970, España contrajo el compromiso de destinar el 0’7% de su Producto Interior Bruto a los países en vías de desarrollo. Ello significa que, por este compromiso incumplido, han pasado todos los gobiernos: de dictadura, de derechas, de izquierdas o de lo que sea. Pues bien: en 1994 uno de los últimos años de acampadas ¿sabe usted cuánto dedicaba nuestro país a esa ayuda?. Pruebe a ver si acierta la respuesta:

    0’7  /  0’6  /  0’5  /  0’4...

 

2. Según  Intermón, los países que tienen contraído el compromiso del 0’7 son 22. Para ellos, la Comisión Brandt había señalado el 1985 como fecha tope para llegar a ese compromiso del 0’7. Pasado ese año, esta situación de incumplimiento flagrante puso en marcha toda una ronda de acampadas sucesivas que desataron una notable movilización ciudadana, con envíos de cartas, votaciones paralelas el día de las elecciones y la recogida de un millón de firmas. Una vez más, los gobiernos hicieron oídos sordos a estas manifestaciones de voluntad popular (no hicieron eso en cambio varias administraciones locales y economías familiares). Por eso, la última vez que hubo reivindicaciones, la demanda se planteó de manera más seria y se pasó de las acampadas a una huelga de hambre que amenazaba incluso con llegar hasta el final.

Como ese tipo de alborotos es lo que más temen los gobiernos, sobre todo si no tienen mayoría absoluta, aquella vez el recién llegado Presidente Aznar accedió a dialogar con los huelguistas (ha leído usted bien: Aznar aceptó ¡DIALO­GAR!). Las negociaciones entre la Plataforma del 0’7 y el Gobierno acordaron como deseable llegar para el 2002...

 

    ¿a qué cifra? ¿ya al 0’7? ¿al 0’6? ¿al 0’5 ?... ¿Qué diría usted?

 

3. Varios años después de aquella promesa, en la Conferencia Internacional para Financiación del Desarrollo en Monterrey, la Unión Europea contrajo el compromiso de aumentar la AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo) hasta un 0’39 para el 2006 (¡tres pesetas y noventa céntimos por cada mil!). Con todos estos pitos y flautas, ¿sabe usted lo que España sigue dedicando a la ayuda a los países pobres? Haga una prueba a ver si lo acierta. Se le permite dar dos respuestas.

 

4. Intentamos ganar mundiales de fútbol, copas Davis de tenis, y todo lo que haga falta. Poniéndonos en plan competitivo, imaginemos una olimpiada de solidaridad entre los gobiernos de todos los países ricos, midiendo la ayuda que dan para el desarrollo. ¿En qué lugar de la clasificación colocaría usted a esta España que presume de temer “la tercera mejor selección de fútbol”? Haga otra quiniela.

 

5. La mala clasificación anterior no significa que el mundo que nos envuelve sea un modelo de solidaridad. Decenios después de contraído el compromiso de dedicar el 0’7 para ayuda al desarrollo ¿sabe usted cuántos países lo cumplen? ¿Sospecha cuáles son?

 

6. A estos datos más bien deprimentes se añade este otro profundamente estremecedor: En 1961 el producto “per capita” de todos los países que deberían ser donantes fue de 13.298 $, y la ayuda per capita al desarrollo fue de 171 $. Pues bien: en el año 2000 el producto “per capita” de esos países había crecido hasta 29.769 $ y su ayuda al desarrollo fue sólo de 66 $. A más del doble de riqueza corresponde menos de la mitad de ayuda. Parece, pues, que la célebre frase de Juan Pablo II “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” se cumple, no solamente porque nuestro sistema económico tiene una dinámica imparable de concentrar la riqueza en pocas manos, sino además porque los ricos somos cada vez más egoístas.

 

7. La razón que alegan muchos países para no cumplir ese compromiso es que “de momento no les es posible”. Pero se trata de un compromiso que lleva más de treinta años en vigor, y en ese tiempo se ha producido el fin de la llamada guerra fría, y se ha multiplicado por 2’5 el PNB de los 22 países que deberían ser donantes. Conteste usted mismo si cree que esa respuesta es válida, o es más bien una forma de enmascarar la falta de voluntad.

 

8. La enseñanza social de la Iglesia habla de una “función social” (más seriamente aún: de una “hipoteca social”) de la propiedad: lo nuestro no es nuestro si no ayuda a salir de la pobreza a los demás. Se recoge aquí otra enseñanza de la primitiva tradición cristiana más antigua, formulada en contextos sociales que desconocían las ciencias económicas: “la limosna no es acto de caridad, sino de justicia”. Cuando das algo a los necesitados no les das de lo que es tuyo sino que les devuelves lo que es suyo. Entendiendo, por supuesto, que hay que dar bien, y no a boleo y sin medir los efectos de lo que se da.

Comparemos esa enseñanza con estos otros datos: “el Reino Unido gasta 8 veces más en defensa que en AOD; Francia 9 veces más, Italia 15 veces, Grecia 23 veces más y EEUU 33 veces más”. España anda, más o menos, como el Reino Unido...

Si las cosas son así, responda usted mismo a estas dos preguntas:

 

A. ¿No será verdad que cuando no queremos compartir una cantidad de “dos”, necesitamos luego “cuatro” para defendernos y protegernos del miedo? ¿Podría ser esa una radiografía de nuestro mundo?

B. En un contexto así, ¿puede un cristiano votar a partidos que no incluyan en su programa al menos un compromiso como el del 0’7?

 

9. La descentralización y la autonomía pueden ser un factor muy benéfico cuando se las usa para hacer las cosas bien y no para replegarse sobre uno mismo. En este contexto es bueno saber que hay comunidades autónomas y ayuntamientos que -sin renunciar por ello a que el Estado cumpla los compromisos contraídos (que parecen de justicia y no sólo de supererogación)- se han propuesto dedicar también una parte de su presupuesto para ayuda al desarrollo.

Retomando la anterior propuesta de competir en solidaridad, le preguntamos a ver si adivina usted, en cada caso, cuáles son las tres comunidades (y los tres Ayuntamientos) que en el año 2000 dieron más ayuda, y cuáles los tres que dieron menos. (Haga usted su quiniela y encontrará la respuesta al final de este Papel).

 

10. Como observación final, téngase en cuenta que, aquí, hemos hablado sólo de cantidades. Queda otra tarea ingente, como es recomponer el destino de esas cantidades eligiendo bien los países y los gastos a que se dedican, y quién debe administrarlas. Es un tema muy largo que no cabría en este breve apunte, pero del que debemos dejar constancia.

 

 

 

Respuestas

1. Ninguna de esas cifras: sólo la vergüenza del 0’28 %. 28 céntimos por cada cien euros (ver I. Carreras, Vivir solida­­­­­ria­men­te, p. 89).

2. Al 0’5 % (ver R. Diaz Salazar, Redes de solidaridad internacional, p. 241).

3. El año 2001 habíamos llegado al 0’3, mientras que el 2002 bajamos al 0’25 (ver gráfico en Intermón-Oxfam Estudios, 10/1).

4. El año 2000, éramos también los terceros, pero por la cola; seguidos sólo por Italia y EEUU. (Fuente: Informe de Intermón-Oxfam, p. 159).

5. Sólo cinco: Suecia, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo y los Países Bajos.

6. Fuente: Informe de Intermón-Oxfam, 2002, p. 157.

8. Los datos son del Informe citado, p. 165. Las respuestas debe dárselas cada lector.

9. Comunidades: Baleares, Navarra y Euskadi dieron el 0’7.  Andalucía y Madrid el 0’1. Cataluña el 0’11

Ayuntamientos: Vitoria y Burgos el 1%; Madrid, Lleida y Pamplona el 0’7. En cambio: Valencia el 0’12. Bilbao y Barcelona el 0’27. (Fuente: Estudios Intermón-Oxfam, nº 10).


NOTAS:

 

* R. DIAZ SALAZAR, Redes de solidaridad internacional, p. 236.

** Un solo botón de muestra sobre este punto: en 1999, la OCDE dedicó 361.000 millones de dólares para subvencionar la agricultura de sus países. Y el año anterior había concedido 7.400 millones para ayudar a los agricultores de los países pobres. Es decir: los campesinos de países industrializados percibieron ¡48 veces más ayuda que los de los países pobres! (Datos en Le Monde diplomatique, julio 2002, p. 9).