Cuestiones de énfasis

 

Por PAUL KRUGMAN
(Profesor de “Economics and International Affairs”
en la Universitdad de Princeton)

Artículo publicado en The New York Times, 29 abril 2003

"No estábamos mintiendo", dijo un funcionario de la administración Bush a la ABC News, "sino que era una cuestión de énfasis". El funcionario se refería a la forma como la administración americana exageró la amenaza que Saddam Hussein suponía para los Estados Unidos. Según el reportage de la ABC, la razón real de la guerra fue que "la Administración quería hacer una declaración de principios". Y por qué Irak? "Los funcionarios reconocen que Saddam tenía todos los requisitos para ser convertido, según su opinión, en el blanco perfecto".

Un diario británico, The Independent, recoge que las agencias de inteligencia de ambos lados del Atlántico estaban furiosas porque los informes que proporcionaron a los líderes políticos fueron distorsionados por el ansia bélica. Una "fuente de alto nivel" explicó al diario que se ignoraron las valoraciones de los servicios de inteligencia en el sentido de que Irak no constituía ninguna amenaza.

Seguramente, hemos de encontrar aún armas de destrucción masiva. Es penoso pensar que quizás no encontraremos ningú gas venenoso o arma biológica. Pero estas no son las verdaderas armas de destrucción masiva, la clase de armas que pueden hacer de un país pequeño y pobre una amenaza para el poder más grande que el mundo ha conocido jamás. Hay que recordar que el presidente Bush argumentó a favor de la guerra advirtiendo sobre "una nube en forma de hongo". Es cosa clara que Irak no tenía nada comparable a eso, y el señor Bush seguro que lo sabía.

¿Es realmente importante el hecho de que fuéramos a la guerra engañados? Algunos dicen que no: hemos ganado, y el pueblo iraquí ha sido liberado. Sin embargo, deberíamos hacernos algunas difíciles preguntas, no precisamente sobre Irak, sino sobre nosotros mismos.

En primer lugar, ¿por qué nuestra compasión es tan selectiva? El año 2001 la Organización Mundial de la Salud --la misma organización que esperamos que ahora nos proteja contra el SARS-- hizo un llamado para combatir enfermedades infecciosas en los países pobres, argumentando que eso podría salvar la vida a millones de personas cada año. La contribución de los EE.UU. hubiera sido de 10.000 millones de dólares anuales, una peqeña fracción de todo lo que gastaremos en la guerra y la ocupación. Y, sin embargo, la administración Bush rechazó despectivamente la propuesta.

O consideremos una de las primeras acciones importantes de la diplomacia americana en la postguerra: bloquear un plan de enviar fuerzas de la ONU para el mantenimiento de la paz en Costa de Marfil (antigua colonia francesa) para hacer respetar una tregua en una guerra civil envenenada. Los EE.UU. se quejan de que también resultará muy caro. Y debe ser cierto --nosotros no permitiríamos que muriese gente inocente tan sólo por vengarnos de los franceses, no?

Parece, pues, que nuestro profundo compromiso con el pueblo iraquí no alcanza a la gente que sufre en cualquier otro lugar. Supongo que se trata tan sólo de una cuestión de énfasis. Aunque un cínico podría indicar, quizás, que salvar vidas de manera pacífica no ofrece ocasión ninguna de organizar un desfile victorioso.

Mientrastanto, ¿no se supone que los líderes de una nación democrática dicen la verdad a sus ciudadanos?

Uno se pregunta si la mayor parte del público llegará jamás a saber que las razones originarias para ir a la guerra han resultado ser falsas. De hecho, sospecho que la mayoría de norteamericanos cree que hemos hallado armas de destrucción masiva. Cada presunto hallazgo obtiene una espectacular cobertura televisiva; pero ¿a cuánta gente llegará la noticia ulterior --si es que llega a producirse-- de que se trataba de una falsa alarma? Es éste el modelo de desinformación que resume cómo se vendió la guerra en el primer momento. Cada carga de la administración contra Irak recibió una cobertura preeminente; el desmentido subsiguiente, no.

¿Acaso los medios de comunicación creyeron que era antipatriótico cuestionar la credibilidad de la administración? Ciertamente, se produjeron cosas extrañas. Por ejemplo, en septiembre, el señor Bush citó un informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica que según él mostraba que a Saddam le faltaban meses para poseer armas nucleares. "No sé qué otra evidencia necesitábamos", dijo. De hecho, el informe no decía tal cosa --y durante unas pocas horas la página web de MSNBC presentaba el titular "Casa Blanca: Bush expone equivocadamente el informe sobre Irak". Después, la noticia desapareció --no sólo de la cabecera, sino de toda la página web.

Gracias a este tipo de llamativas afirmaciones, y silenciamientos o supresiones de retractaciones, el público norteamericano probablemente cree que fuimos a la guerra para evitar una amenaza inmediata --del mismo modo que cree que Saddam tuvo algo que ver con el 11S.

Es verdad que la guerra ha derrocado a un tirano malvado. Pero las decisiones de una democracia --sean correctas o erróneas-- se supone que son tomadas con el consentimiento informado de los ciudadanos. Esto no ha sucedido en este caso. Y nosotros somos una democracia --¿o no?