RECORDANDO

A CARDIJN

 

 

 

 

 


Joseph Cardijn (1882-1967) ha pasado a la historia como el sacerdote que creía en el sacerdocio de los laicos. Hijo de una familia modesta, tomó conciencia de la tremenda explotación que sufrían los jóvenes trabajadores y comprobó con dolor su hostilidad hacia una Iglesia que consideraban aliada de los ricos. Para dar respuesta a esta situación puso en marcha la JOC (Juventud Obrera Cristiana), un movimiento que "surge del problema obrero, que estudia el problema obrero, que quiere resolver el problema obrero". Muchos le acusaron de ser un demagogo procomunista que, al defender un movimiento sólo de obreros, iba a romper la unidad de la Iglesia.

La aportación de este sacerdote belga ha sido decisiva en muchos aspectos: ha contribuido a que la Iglesia preste atención a las necesidades de la clase obrera, a construir un movimiento que educa a los jóvenes trabajadores a través de la acción, a que la Iglesia sea concebida como Pueblo de Dios y no como una estructura jerárquica.

Más que realizar una biografía, que por razones de espacio sería inevitablemente superficial, he preferido recoger una serie de textos del propio Cardijn sobre un tema de permanente actualidad como es el derecho al trabajo. Como tendremos ocasión de comprobar, Cardijn no es una reliquia que sólo deban estudiar los eruditos, sino un hombre que nos interpela desde la radicalidad de su opción por los jóvenes de la clase obrera.

En primer lugar, en este mundo nuestro en el que el neoliberalismo parece no tener freno, recordar que el fundador de la JOC condenó enérgicamente las nefastas consecuencias del liberalismo económico:

"La clase obrera no ha sido respetada; no se ha visto en ella, ni en el trabajador, la dignidad de la persona humana, de la familia, a causa de una doctrina que se ha extendido por el mundo: el liberalismo económico. Una doctrina que es falsa y que dice: Para permitir la producción, es necesario la libertad completa: la libertad completa para el patrón, para la industria. (La hora de la clase obrera, pp. 31-32).

Como es de sobra sabido, el principal problema que tenemos los jóvenes es el paro. Después de haber dedicado largos años a nuestra formación, nada nos asegura que podamos trabajar en lo que hemos estudiado, ni siquiera si podremos trabajar en algo. Para Cardijn, el derecho al trabajo es tan sagrado como el derecho a la vida:

"Los jóvenes no pueden sentir que están de sobra, que no hay lugar para ellos. Los jóvenes deben sentir que el país y el mundo tienen necesidad de ellos; que ellos tienen una gran y bella tarea que realizar y que, para esto, deben tener la ambición de formarse, de convertirse en alguien que sabe hacer alguna cosa grande, importante y bella. Cuando los jóvenes ven que no tienen futuro, cuando no tienen perspectiva de un hogar, de una familia, de una situación, se desaniman o se rebelan (...).

Para esto, es preciso SUPRIMIR el paro de los jóvenes. El paro de los jóvenes es contra natura, es una monstruosidad, es una tortura. No se puede condenar a los jóvenes a la inacción" (Cardijn face aux évenéments 1950-1963, pág 107).

Por una trágica contradicción, al mismo tiempo que no pueden ganarse la vida, los parados sufren el incesante bombardeo de una infinidad de estímulos consumistas:

"Comprad todos un reloj, un coche... Id todos a la playa, al cine, a la discoteca" ¿Por qué no añadir: "Exigid todos los salarios, las condiciones de trabajo, que os permitan comprar un coche, ir a la playa, etc."? Las mismas empresas que hacen más publicidad para gastos de lujo serán frecuentemente las más opuestas a las reivindicaciones de las masas que son las víctimas de esas ofertas y de esas tentaciones que las obsesionan. (Cardijn face aux évenéments..., pág 122)

No es suficiente con trabajar; es necesario que el trabajo sea en unas condiciones dignas. Para Cardijn, el trabajo debe ser un medio al servicio de la persona: "un trabajo que respete la persona, la familia, los hijos de todos los trabajadores; un trabajo que permita y favorezca una vida profesional honesta, una vida familiar alegre, una vida intelectual, cultural, espiritual, una vida verdaderamente humana" ( Cardijn face aux événements..., pág 169).

En sus vida cotidiana, los jóvenes y las jóvenes de la clase obrera ven ultrajada su condición de hijos y herederos de Dios. La primera verdad de la JOC es una rotunda proclamación de su dignidad, expresada en una frase mil veces repetida: "un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo". No respetar al joven trabajador o la joven trabajadora es no respetar al mismo Dios, al mismo Jesucristo:

"Si es verdad que Cristo ha querido ser un trabajador manual; él no solamente ha ennoblecido sino que ha divinizado a todos los trabajadores al hacerlos participar de su propia dignidad y de su propia divinidad. No se pueden exagerar las consecuencias personales y sociales de la divinidad de Cristo, el trabajador de Nazareth" (Cardijn face aux événements..., pág 125).

No se trata de luchar por los derechos de los trabajadores de un país, sino por los derechos de los trabajadores de todos los países. Cardijn se sentía ciudadano del mundo y criticaba duramente el egoísmo de los gobiernos nacionales, de la propia clase obrera de los países desarrollados.

"El día en que todos los trabajadores de los países ricos quieran que sus compañeros de los países en vías de desarrollo, que sus hijos y sus familias, sean respetados como los trabajadores, los hijos y las familias de los trabajadores de los país ricos, la vergüenza del hambre, la miseria y el subdesarrollo habrá desaparecido.

En el pasado, los movimientos obreros occidentales no eran suficientemente conscientes del contraste vergonzoso que existía y que a veces era querido por los trabajadores mismos. Y no era por su culpa; ¡había tanta injusticia en los países occidentales mismos! El grito inolvidable de la solidaridad: "Trabajadores de todos los países, uníos", se paraba a menudo en las fronteras de los países occidentales" (El mensaje de la J.O.C. a los jóvenes del mundo obrero, pp. 127-128)

La solución del subdesarrollo no debe dejarse en manos de los gobiernos, en manos de los legisladores, sino que es preciso crear un gran movimiento de opinión: "Es toda la opinión pública, son todos los ciudadanos del mundo los que deben asumir sus responsabilidades, leventarse para ir en ayuda de sus hermanos puestos a prueba" (Cardijn face aux événements..., pág 153).

Sabemos que es por el subdesarrollo, no por ganas de hacer turismo, que miles de desheredados del Sur intentan llegar cada año a nuestro países, arriesgando sus propias vidas. Cardijn no cabría en sí de indignación si conociera el trato que estos inmigrantes reciben: "la explotación de los trabajadores de las razas de color sería más desastrosa y más criminal que la explotación de los trabajadores blancos, más capaces de defenderse a través de sus poderosas organizaciones" (Cardijn face aux événements..., pág 132). Para él, "una Europa cerrada sobre ella misma, indiferente a las necesidades de centenares de millones de trabajadores de otros continentes, es una Europa destinada a la muerte" (Va libérer mon peuple!, pág 258).

A través de estos textos, hemos podido conocer algo de un sacerdote profundamente comprometido en favor de los más débiles. Para Cardijn, la clase obrera es "como la personificación de Jesús en la tierra". Sin los obreros, la Iglesia no puede ser la Iglesia de Jesucristo. La religión no es algo que se pueda separar de las necesidades de la vida cotidiana: "Jamás he encontrado almas que paseen solas por la vida; no existen almas desencarnadas. Existen almas en los cuerpos de las personas humanas. Olvidar el cuerpo para salvar el ama es perder el alma y el cuerpo" (La hora de la clase obrera, pág 63).

Francisco Martínez Hoyos

Barcelona, septiembre de 1998.


Para el lector o lectora interesados en profundizar en la figura de Cardijn, citar FIÉVEZ, M.; MEERT, J. La vida de un pionero: Cardijn (Barcelona, 1973). También es interesante la obra colectiva Cardijn: Testimonio y Mensaje. ( Barcelona, 1963). Los textos que citamos los hemos extraído de La hora de la clase obrera, transcripción de conferencias pronunciadas por Cardijn en 1948, y de las antologías Va libérer mon peuple! (París-Bruselas, 1982), Cardijn face aux événements 1950-1963 (Bruselas, 1976), y El mensaje de la J.O.C. a los jóvenes del mundo obrero, coeditada por la JOC española y la CIJOC en 1997.