EL COMERCIO:

REGLAS NUEVAS PARA UN MUNDO MÁS JUSTO.

 

Por Jon A. Cobos
Colaborador CiJ

 

     Intermón-Oxfam está lanzando una campaña a favor del comercio justo. En un mundo globalizado como el nuestro, en el que las personas y las economías de todo el planeta cada vez están más cerca, el comercio es una de las fuerzas más poderosas que relacionan las vidas de todos nosotros.

   Esta fuerza es capaz de hacer que nos acerquemos, hasta un extremo inimaginable hace solo unos años. Sin embargo, la realidad nos muestra que las desigualdades entre ricos y pobres están aumentando a un ritmo alarmante. Cada vez estamos más lejos unos de otros. 

   El comercio es una fuente de generación de riqueza sin precedentes, y podría librar a millones de personas de la pobreza. Un incremento de un 1% en la participación de cada región en desarrollo en las exportaciones mundiales, podría reducir la pobreza mundial en un 12%. Sin embargo, lo que estamos viendo es que este potencial se está desaprovechando, y el abismo entre ricos y pobres sigue creciendo.

   ¿Qué es lo que está pasando? La respuesta a esta pregunta debemos buscarla en las normas e instituciones que gestionan el sistema internacional de comercio. Estas reglas de juego están permitiendo a los gobiernos de los países ricos, convertir amplias zonas del mundo en desarrollo en enclaves de pobreza y de marginación, negándoles el acceso a la riqueza generada por el comercio.

   Sin embargo, es posible poner en marcha cambios institucionales y reformas políticas que permitan combinar los grandes beneficios potenciales del comercio, con la necesidad de justicia y equidad.

 

¿EN QUÉ NOS ESTAMOS EQUIVOCANDO?

   Así, en el actual sistema internacional de comercio(*), los países pobres no tienen acceso a los mercados de los países ricos. Los gobiernos del norte imponen a estos países barreras a la importación cuatro veces superiores a las que tienen que afrontar los productores de los países ricos. Esto cuesta a los países en desarrollo unos 100.000 millones de dolares al año. Es el doble de lo que reciben en concepto de ayuda.

   Esta exclusión es especialmente sangrante en relación a la agricultura, por los subsidios dirigidos a reforzar la producción y la exportación, que los gobiernos de los países industrializados están concediendo a sus agricultores. Estos subsidios, además de causar un enorme daño ambiental, están generando un exceso de producción, y están empujando a la baja los precios para los pequeños productores de los países en desarrollo, que carecen de estas ayudas a la producción y a la exportación.

     Los países industrializados, a través del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, están forzando a los países en desarrollo a liberalizar sus importaciones, y a reducir sus barreras comerciales de forma precipitada. El FMI y el  BM están condicionando la concesión de préstamos a esta reducción; y la realidad nos muestra que esta rápida liberalización va aparejada con un fuerte aumento de la pobreza. Así, es un hecho que en la India, la liberalización de las importaciones está intensificando las desigualdades dentro de las áreas rurales, y entre las áreas urbanas y las rurales.

    Los precios de las materias primas son cada vez más bajos e inestables, debido sobre todo al exceso de producción, muy por encima de la demanda. Esta caida de los precios ha llevado a la ruina a millones de personas de países como Tanzania o Haití, en los que más de la mitad de los ingresos por exportaciones, dependen de tres o menos materias primas. En algunos países, las perdidas sufridas han sobrepasado los beneficios obtenidos mediante la ayuda y el alivio de la deuda.

    Las empresas transnacionales están contribuyendo fuertemente a que la pobreza y la desigualdad sigan creciendo. Las inversiones que realizan en países en desarrollo no proprcionan recursos a estos países. Por cada dólar de inversión extranjera, unos 30cts son repatriados mediante mecanismos como la transferencia de beneficios. Tampoco están transfiriendo formación, ni tecnología. Además, estas empresas están forzando a los gobiernos de muchos países en desarrollo a desmantelar sus sistemas de protección laboral, como condición para la realización de inversiones. 

    La Organización Mundial del Comercio está impidiendo que el comercio funcione a favor de los pobres. Un ejemplo de esto lo tenemos en el acuerdo TRIPs (acuerdo sobre Aspectos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio), sancionado por las normas de la OMC. Este acuerdo, sobreproteje las patentes haciendo que los países pobres pierdan en torno a 40.000 millones de dólares anuales por el incremento de los pagos de las licencias a las empresas transnacionales del Norte. Aplicado a los medicamentos, este acuerdo es catastrófico, sobre todo para las familias pobres, ya que dobla el coste de las medicinas.  La causa de todo esto, la encontramos en la dictadura ejercida en la práctica por los países ricos y las empresas transnacionales en el seno de la OMC,  a través sobre todo de relaciones de poder informales que refuerzan las desigualdades respecto a la capacidad de negociación en este organismo.

    No podemos terminar este análisis, sin hacer referencia a los grandes perjudicados por esta situación. Se trata de aquellas personas que están en peor condición para acceder a servicios y recursos, y que son, por ello,   mas vulnerables. Entre éstas, son las mujeres las que afrontan las mayores dificultades. Son los miembros menos protegidos y más explotados de la fuerza de trabajo empleada en las industrias. Por su mayor exposición a las enfermedades y su papel en la atención a los enfermos, sufren las consecuencias más graves de la falta de medicamentos. Se ven obligadas a afrontar dificultades extremas para sacar adelante a la familia, cuando los hombres emigran en busca de trabajo.   

 

¿PODEMOS CAMBIAR LAS COSAS?

    Como hemos visto,  en este momento el comercio está siendo corrompido por normas e instituciones injustas que dan prioridad a los intereses de los ricos frente a las necesidades de los débiles y vulnerables. Sin embargo, el cambio es posible.  Debemos poner en marcha las reformas políticas y jurídicas que sean necesarias para que el comercio empiece a funcionar a favor de los más pobres. El informe de OXFAM nos ofrece algunas medidas  a adoptar en este sentido:

1.        Mejorar el acceso de los países pobres a los mercados mediante la reducción de los aranceles, y la reestructuración de los subsidios agrarios.

2.        Poner fin al uso de condiciones en los programas de FMI y del Banco Mundial, para forzar a los países pobres a abrir sus mercados.

3.        Crear una nueva institución que supervise los mercados mundiales de materias primas, con el fin de reducir la inestabilidad de precios.

4.        Establecer nuevas normas sobre propiedad intelectual, que den prioridad a los objetivos de desarrollo y  salud pública.

5.        Mejorar la calidad de las inversiones y de las condiciones laborales del sector privado, reforzando las competencias de la OIT en materia de supervisión y aplicación de las normas laborales básicas.

6.        Reformar la estructura interna de la OMC, de manera que los países pobres puedan hacer oir su voz y tengan capacidad de negociación.

7.        Cambiar las políticas nacionales injustas de los países en desarrollo para que los pobres puedan aprovechar las ventajas del comercio y de los mercados.

    Como ciudadanos de un mundo cada vez más globalizado, nuestro deber es presionar a los poderes políticos y económicos, y obligarles a que se comprometan a poner en marcha un nuevo orden comercial mundial, basado en unos principios y unas opciones políticas  tendentes a hacer que la globalización beneficie a aquellos que viven el la pobreza. Podemos permitir que las normas comerciales injustas sigan causando pobreza y marginación, o podemos luchar para que este mundo sea para todos los que vivimos en él. El cambio es posible y depende de nosotros.

   



NOTA


* Este análisis de los aspectos institucionales que impiden un reparto más equitativo de los frutos del comercio y el intercambio, está basado fundamentalmente en el informe sobre comercio, presentado por OXFAM, en su campaña “Comercio Con Justicia” (www.comercioconjusticia.com).