EL DESFILE DE LA
VICTORIA

 

  

 

 

 

   Estamos en los Estados Unidos. Vamos a presenciar un desfile que incluirá a un representante de cada hogar norteamericano. Con la excelente capacidad organizativa de aquel país, sabemos que el desfile durará sólo una hora. Los representantes se alinearán de modo que primero pasarán los más pobres, seguidos por los que son cada vez más ricos.

   Vamos a suponer que por alguna alquimia biológica podemos hacer que la altura de cada persona que desfila sea proporcional al ingreso del hogar al que representa. Por tanto, la gente pobre será muy baja y los ricos mucho más altos. Supongamos que la estatura media de un americano es de 1,80 m. Eso representa la cifra considerada como ingreso medio en aquella sociedad. Que son 55.000 dólares al año.

   Suponga que usted tiene una estatura media, póngase cómo en su sitio a lo largo de la calle del desfile (si pasa usted de los sesenta años, quizá  recordará aquellos “desfiles de la victoria”  de su infancia). ¿Qué verá usted en ese desfile?

   Cuando el desfile comience usted verá un montón de gente muy bajita que apenas se alza unos centímetros del suelo. De hecho han de transcurrir los primeros cinco minutos para que los participantes alcancen los 30 cm, que representan un ingreso anual de 9.200 dólares. Efectivamente hay unos ocho millones de hogares en Estados Unidos que no ganan más que eso. (Recuerde que el ingreso medio son 55.000 dólares que equivalían a 1’80 m. de altura. Y, por si ayuda la comparación, sepa que existen casi cinco millones de millonarios en Estados Unidos. Pero esto es adelantarse a la historia.)

   Al cabo de doce minutos de desfile, los participantes han crecido sólo un poco, y pasan ya los 45 cm. Son como su hijo o su nieto el pequeño; y representan un ingreso de 15.000 dólares. Esa cifra está considerada como la línea de pobreza oficial para una familia de cuatro personas. Pues bien: veinte millones de hogares no llegan a dicha cifra. En esos hogares viven cuarenta y cinco millones de personas, la mitad de ellas niños.

   El desfile puede resultar un poco aburrido. Hay una inmensidad de gente muy baja, y el nivel de estatura crece muy despacio. Pasarán veinte minutos y usted aún seguirá con la vista hacia abajo. Los participantes acaban de llegar al metro de altura. Su ingreso es de 27.500 dólares (casi la mitad del ingreso medio). 

   Un poco aburrido, va usted a comprar alguna cerveza a un vendedor callejero. Vuelve a su lugar diez minutos después. Estamos en la mitad del desfile, por lo que usted esperaba encontrar ya gente de estatura media. Pero no: sólo llegan aún a 1’50 m, las tres cuartas partes de su estatura. El tope de las cabezas de los participantes aún está por debajo de su hombro.

   Para distraer el aburrimiento, comienza usted a conversar con el vecino y resulta ser un experto en estadística que, al darse cuenta de su sorpresa, le explica la diferencia entre la «mediana» y la «media» (o el promedio). La mediana del ingreso es aquella cifra que corta la población por la mitad, de modo que la mitad de la población está por debajo y la otra mitad por encima de ella. El ingreso medio es la suma de todos los ingresos dividida por el número total de hogares. Como en EE UU hay grandes fortunones, y la distribución de la renta está muy sesgada hacia lo alto, el ingreso medio es considerablemente mayor que la mediana que, en aquel país, es sólo de 40.000 dólares.

   Durante esta conversación el desfile ha proseguido. Usted mira su reloj. Han pasado otros ocho minutos. Llevamos casi dos tercios del desfile y, por fin, aparecen orgullosos los que tienen la estatura normal de 1,80 m,  y pueden mirarle a los ojos.

   De pronto, la altura comienza a aumentar rápidamente, aunque todavía no de modo dramático. A los cuarenta y ocho minutos los participantes han sobrepasado los 2,50 m. y, con ellos, los ingresos de 80.000 dólares. Estamos llegando a la parte más baja dentro del 20 % superior.

  A los cincuenta y cuatro minutos de marcha, cuando sólo quedan seis para acabar el desfile, comienzan a aparecer personas, con ingresos de 110.000 dólares, que miden 3,70 m, dos veces su altura. Estamos ahora en el 10% más rico de la población. Por favor: levante bien los ojos, no sea que no consiga verlos.

   Tres minutos más tarde, (cuando hay gente que ya se iría del desfile porque sólo quedan tres minutos para acabar y querrían evitar las aglomeraciones de salida), viene  precisamente lo mejor de la procesión. Comienzan a aparecer los primeros miembros del 5 % superior, con ingresos de 142.000 dólares (no olvide que la media era de 55.000). Estas personas son mucho más altas que usted: miden nada menos que 4,50 m, dos veces y media más que usted, tan orgulloso con sus 1,80 m. ¡Menudos jugadores de básquet para un país tan aficionado a ese deporte!

   De hecho, usted ya apenas los reconoce, porque ahora los gigantes ocupan todo su campo de visión. Ahora el desfile comienza a ponerse interesante y las alturas empiezan a dispararse. Comienza a desfilar el 1% superior que durará sólo treinta y seis segundos. En tan poco tiempo, las alturas se han más que doblado. Los ingresos son ya de 300.000 dólares y sus representantes miden 9,90 m. No sabemos si conseguirá verles los ojos.

   Cuando sólo queda medio minuto para que acabe el desfile, usted comenzará a ver a quienes llegan a los 400.000 dólares (lo que gana el Presidente de Estados Unidos que es el salario más alto dentro del gobierno) (1). Aun con un ingreso de 400.000 dólares, el salario presidencial no es demasiado alto, al menos en los Estados Unidos de finales de siglo. En 1998, 172.000 individuos tenían ingresos dos veces y media superiores al nuevo salario presidencial: ganaban un millón de dólares al año. El más pequeño de entre estos gigantes llega a medir más que un edificio de diez pisos.

   En los últimos segundos aparecen los superricos, entre ellos los propietarios de capital de las principales empresas. Los que llegan a los diez millones de dólares superan con creces los 300 m. de altura. Más de cien de los incluidos en la lista del Forbes 800, procedentes de las empresas líderes, superaban esos 10 millones de ganancia el año 2000.

   Pero no se vaya por favor, que el desfile de la victoria no ha concluido aún. Las cabezas con doce millones de dólares llegan ya a la altura de los edificios más altos del mundo; la  torre Sears, en Chicago, y las ligeramente más altas torres Petronas en Kuala Lumpur. Por ahí aparece Michael Eisner, de Disney, que se lleva a su hogar alrededor de 50 millones por año. Su altura es cuatro veces  la de torre Sears, al igual que la de los aproximadamente 250  multimillonarios que existen en aquel país (2).

   Los propietarios de capital que obtienen más de cien millones tienen una altura que supera los 3.000 m. Entre ellos se encuentran Jack Welch, de la General Electric, Lewis Gernster, de IBM, Steve Case, de America On Line, y Reuben Mark,  de Colgate Palmolive. Mel Kormazin, de CBS, supera todavía esas cifras. Llega a medir más de 6.000 m. Charles Wang, de Computer Associates,  triplica la medida de Kormazin.

Finalmente, la última persona en llegar, con su cabeza mucho más allá de donde alcanza la vista, es el siempre jovencito Bill Gates. Sus ingresos no se han hecho públicos, pero si su  riqueza patrimonial estimada de 90.000 millones (en el año 2000) le produjera un rendimiento del 5 %, tendría este año un ingreso de 4.500 millones El monte Everest, la montaña más alta del planeta, mide más de 8.000 metros. Gates sería más de dieciséis veces más alto que el monte Everest. Y más de diez mil veces más alto que el presidente Bush con su sueldo.

   ¿Le gustó el desfile? Pues ahora sepa que, en realidad, nuestra marcha infravalora el grado de desigualdad existente en  Estados Unidos, dado  que nos muestra sólo la distribución del ingreso, no de la riqueza. Como sabe cualquier economista, la distribución de la riqueza patrimonial es mucho más desigual que la distribución del ingreso. El  ingreso es la cantidad de dinero percibido al año; la riqueza es el valor de todo lo que uno posee: vestidos, equipo de música, coches, casas, acciones y bonos etc. Para la mayoría de personas, su «riqueza» genera sólo unos ingresos mínimos. Pero, para los más afortunados, la riqueza crea efectivamente riqueza: gracias a los ingresos por dividendos e intereses, se puede obtener más riqueza y generar más y más ingresos. Las personas comienzan así a convertirse en gigantes.

   Un último dato sobre las diferencia en la distribución. Si dividimos el ingreso de Estados Unidos en tres partes  resulta que el 10 % de los de arriba se lleva un tercio; el siguiente 30 % consigue otro; y al 60% de los de abajo les toca repartirse el último tercio. En cambio, si dividimos la riqueza de Estados Unidos en tres tercios, encontraremos que el 1% de los de arriba posee un tercio; el siguiente 9% posee otro; y el 90% inferior se reparte el resto (3). Por eso, si hubiéramos tenido un Desfile de Riqueza en vez de un desfile de ingresos, los enanos serían mucho más bajos y numerosos, y los gigantes serían menos y mucho más altos.

   Para muchos norteamericanos tal distribución resulta grotesca y les produce indignación. Tantos millones apenas unos centímetros por encima del suelo, mientras los multimillonarios se elevan como torres por encima de los edificios más altos, algunos perdiéndose entre las nubes. Para otros pocos (que son los que generan y difunden opinión “pública”), debe resultar divertido sentirse  tantos  metros por encima del suelo, tan altos que ya ni ven las decenas de millones de tontos enanos.

   Si usted va a trabajar o estudiar a Estados Unidos, oirá más de una vez este refrán: “if you work hard, you’ll be rewarded” (si trabajas duro serás recompensado). Después de presenciar nuestro desfile, el espectador tendría que pensar que, o  aquél es un país de vagos, lo cual es a todas luces falso y calumnioso, o ese refrán es una solemne mentira, que no se la creen ni aun aquellos que más la propagan. Ahora bien, cuando un gran país está asentado sobre una gran mentira, corre el riesgo de parecerse a aquellos imperios de que hablan algunas alegorías bíblicas, y que tenían la cabeza de oro, pero los pies de barro... 

   A pesar de todo, es muy de agradecer que se pueda dar una información como ésta sobre Estados Unidos (4). Si hubiésemos querido darla sobre España nos sería imposible, o nos cerrarían el periódico.

 

Notas

1. Antes del año 2000, el salario del Presidente era de 200.000 dólares, cinco veces más que el ingreso medio corriente, pero poca cosa en comparación con los salarios de los directores del sector privado, por lo que el Congreso decidió votar un aumento en el salario de aquel, así como en las remuneraciones propias.

2. Para que se haga una idea, mil millones de dólares puestos en una cuenta de ahorro que proporcione un modesto 5 % de interés generaría un ingreso anual de cincuenta millones.

3.  En realidad esos porcentajes están ya un poco caducos. Ahora se estima que el 1% superior posee entre el 40% y la mitad de la riqueza de la nación,  más que la riqueza combinada del 95% inferior.

4. Tanto la idea como los datos del desfile están tomados de D. Schweickart en el libro de AA. VV. Razones para el socialismo, Paidós; pp. 131-152.

 

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