por José Ignacio González-Faus*
Querido señor Aznar: sé que se considera
usted presidente de todos los españoles y no sólo de sus
votantes. Sin más título pues que el de la ciudadanía,
quisiera escribirle una carta angustiada. Se ha revelado usted
gran creador de eslóganes, como aquel de España va bien.
Yo quisiera hablarle de una cosa que no va nada bien, y que, según
la última encuesta oficial, constituye la mayor preocupación de
todos los españoles, por encima incluso del paro: me refiero al
terrorismo y el problema vasco.
1. Primer principio de toda estrategia política es aquel de divide
y vencerás que acuñaron ya los romanos. Hace pocos años
ETA estaba dividida y esto la debilitó mucho. Ahora los
divididos somos nosotros. No tiene sentido empezar aquí a ver de
quién es la culpa. Sólo le digo que, o se supera esta división,
o el drama de Euskadi no acabará nunca. La unidad de los demócratas
no es que todos vengan a donde digo yo, sino que todos caminemos
juntos, aunque haya que sacrificar algo para ello.
2. Decían también los romanos que la mujer de Cesar no sólo
debe ser honrada sino, parecerlo. Si eso vale de la mujer, cuánto
más del Cesar. Usted no debería dar la impresión de que lo que
de veras le interesa no es que se acabe ETA, sino aprovechar el cáncer
de ETA para acabar con la hegemonía del PNV en Euskadi.
Reconozca que, si eso fuera verdad, sería (por usar un
calificativo suyo) repugnante, y que de ningún modo puede
usted dar esa sensación. Guste o no, el PNV es hoy
imprescindible allí. La política de querer prescindir de él es
tan fundamentalista y tan irreal como la de esos nacionalistas
que quieren resolver el problema de una Euskal Herría virtual,
prescindiendo de casi el 50% de la población vasca.
3. He usado adrede la palabra repugnante porque la utilizó
usted mismo en otro momento para calificar la política del PNV
por no romper con EH. Sabiendo las vueltas que da la política,
un presidente no debería utilizar esos lenguajes. A mí me han
avergonzado determinadas ambigüedades suyas con otros
terrorismos de nivel internacional. Sentí rechazo cuando su
apoyo a la barbarie de Kosovo (con aquel argumento tan peneuvista
de que "España debe estar con sus amigos"); no entendí
sus agasajos a un Putin que venía de Chetchenia, o a un gobierno
chino para quien todo eso de los derechos humanos no pasan de ser
estupideces occidentales. ¿Hemos de pensar que relacionarse con
terroristas es repugnante, salvo cuando éstos tienen mercados de
más de doscientos millones? ¿No vende su gobierno armas a países
y facciones enfrentadas (turcos y griegos por ejemplo)? Esto es
lo que no entiendo.
4. Por eso creo que usted debería dialogar con el PNV en lugar
de anatematizarle públicamente. El anatema no es cosa de políticos.
Si no puede dialogar con Arzalluz (porque los dos son gallitos),
hay otras gentes del PNV con las que intentar hablar que, a lo
mejor, piensan distinto de usted, pero además razonan. Y con
razones se abren caminos. Usted aún no ha contestado a aquella
pregunta que se le hizo en el Congreso: ¿cuántos muertos hacen
falta para que Vds se den cuenta de que la vía policial es
insuficiente, a pesar de éxitos espectaculares que merecen
aplauso?
Conste para que no me malentienda: yo creo que el PNV debería
haber roto antes -y totalmente- con EH. Sospecho que su indecisión
en hacerlo se debe a que (aunque todos quieran hacer algo más
de lo que está haciendo su gobierno), están divididos en cuanto
a las metas del partido y las razones del contacto con EH, y a
que están en estos momentos en manos de los duros. Pero
usted los está uniendo.
5. En este contexto, aquel argumento de su ministro del Interior:
"si ETA mata es señal de que la política del gobierno es
acertada", reconocerá usted que es una estupidez. ¿Qué
pensar de un entrenador de fútbol que dijera: "si nos han
metido este gol, es señal de que nuestra táctica es la buena"?
Si una persona nada estúpida, como su ministro, dice algo tan
descorazonante, sólo cabe pensar que algo le ha cegado.
6. Usted puede pasar a la historia no sólo como un buen gestor,
sino como aquél que civilizó a la derecha española. Pero, para
que así sea, procure no seguir fomentando la ola de hispanismo
irracional que nos envuelve. Un amigo vasco, en un librito sobre
los nacionalismos en Fromm, concluye que éstos suelen llevar
dentro un germen xenófobo y violento, al que el poder no
apacigua sino que exacerba. Una exacerbación españolista podría
acabar con la centración de su partido, si se despiertan todos
los Haiders dormidos que siguen en él: todas las antiguas
fuerzas-nuevas, franquistas, filofascistas y otras perlas de la
antigua derecha hispánica. Esos que usted consiguió domar, no
se le vayan a desmadrar ahora, por haber recurrido a la tecla
hispánica para resolver el problema vasco. Piense que luego ya
no habrá quien los pare.
7. Termino. ETA es criminal, sumida en la peor forma de barbarie
que consiste en no darse cuenta de la propia barbarie. Y manchará
para siempre la historia de un pueblo querido. En esto
coincidimos. Pero eso no resuelve el problema sino que lo deja
planteado. ¿Qué hacer entonces? ¿Apuntarse tantos de firmeza a
costa de vidas ajenas? No me parece la política correcta. Temo
además que cualquier cambio llegue ya demasiado tarde y, por eso,
requiera mucho más tiempo. Pero le cuento un sueño que tuve el
otro día, y que rezo para que se cumpla: Soñé que Arzalluz se
despertaba una mañana, se le caían las escamas de los ojos y,
mirándose al espejo entre legañoso y somnoliento, se decía
asustado: "¡Pero bueno; pero si resulta que yo no soy más
que un Mayor Oreja euskaldún!". Ese mismo día, a la misma
hora, Mayor Oreja se despertaba, se le abrían los ojos, y va y
se dice compungido: "¡pero si parezco un Arzalluz hispánico!".
El día que esto pase, las cosas no estarán resueltas, pero quizá
sí bien enfocadas.
(*) Responsable académico del Centro Cristianismo y Justicia de Barcelona
Publicado en Diario de Noticias - Pamplona, 8 diciembre 2000