Carta a Xabier Arzalluz

Por José Ignacio González Faus*

Apelando a un pasado común, en el que coincidimos en algunos momentos, te escribo esta carta para hablarte... ¡de Dios! El que ETA haya llegado a trascender lo humano por vía "negativa" (hacia lo inhumano o lo satánico) plantea el tema de otra trascendencia "positiva" de lo humano hacia esa plenitud que llamamos Dios. Es frecuente que, cuando alguien afirma que Dios no existe, piense que ya no hay nada por encima de sus pretensiones (la independencia de Euskadi, por ejemplo). Es frecuente también que quienes piensan así arguyan luego que sus rivales sí que tienen "algo" sobre sus pretensiones que están obligados a respetar (por ejemplo, reagrupamiento de presos o el derecho de autodeterminación). Así, es frecuente que, al negar a Dios, acabemos los hombres por convertir nuestros propios afanes en un falso dios. Y aunque eso sea "lógicamente" incoherente, tiene sin embargo una coherencia "existencial": si no hay nada absoluto sobre nosotros, entonces vale todo, vale tanto matar a Ernest Lluch como a Lasa y Zabala, y no queda más que la lucha de todos contra todos.

Desde estos presupuestos me permito pedirte que revises lo que, a lo largo de tu trayectoria política, parece haber sido una "falta de radicalidad ética" en tu condena de la violencia. ¡Esa esperanza tácita de poder sacar algo de ella, o de que los innegables problemas políticos que existen en Euskadi pudieran justificar algo de ella! Creo que todo eso te ha hecho tibio en momentos que requerían una calidad humana digna de un Gan-dhi o de un Mandela. He dicho otras veces que el drama de tu pueblo es no haber tenido figuras como esas, que supieron percibir cómo hay momentos en que hasta lo más querido para un hombre (como puede ser la libertad de su pueblo) no puede pasar por encima de lo más valioso humanamente (como es el respeto a la vida). Hablo de radicalidad ética y no de táctica política. Por eso comencé invocando a Dios. Nadie niega que Hitler recompuso una Alemania que recibió empobrecida y humillada. Pero esa reconstrucción tuvo como precio la página más negra de toda la historia de ese país. Y negra, sobre todo, porque muchos alemanes fueron cómplices de ella por su tibieza. No olvides pues que, aunque alguien concediera que la situación en Euskadi es "de guerra", el problema de los etarras es que serían simples "criminales de guerra". ¡Hasta las guerras tienen unas mínimas normas éticas! Y ETA, no.

Pero si de lo ético pasamos a lo político, me pregunto adónde puede conducir tu camino actual. Soy de los que creen que unas elecciones anticipadas en Euskadi no arreglarían nada, sino que dejarían las cosas como están. Pero habrás de concederme que esa autodeterminación que según vosotros resolvería el problema dará más o menos un probable sí a la independencia en Guipúzcoa, un resultado dudoso en Vizcaya, un no claro en Álava y Navarra, y un no rotundo en las provincias francesas. Entonces, querido Xabier: resultados tan magros, ¿pueden justificar "políticamente" atrocidades tan bestias? Esto nos lleva a muchos a creer que ETA ya no mata por conseguir ninguna meta política, sino por el mero placer de golpear, por una especie de adicción al crimen que es la gran enfermedad de tu pueblo en estos momentos, y de la que me temo que tardaréis más de una generación en curar.

Se ha aludido a veces al ejemplo irlandés. Pero deberíais mirar también el ejemplo israelí, que es adonde creo que os encamináis: una situación eternizada de odio enquistado que puede durar siglos sin que haya Clinton ni dios que la resuelva, aunque en Israel hay judíos excelentes que desean vivir en paz con los palestinos, pero están reducidos al silencio y cargan con una condena que no merecen. Es incomprensible que alguien en tu partido contemporice con ese atajo de locos en vez de preguntarse cómo han podido nacer entre vosotros. O quizá no es tan incomprensible, sino que hay algo que ayuda a entenderlo. Y es que (por mucho que critiques a Aznar y yo comparta críticas tuyas), él y tú estáis en el poder. Y hay más distancia entre el poder y el pueblo que entre dos poderosos enfrentados. El dolor de los pésames momentáneos que da el poderoso no es el verdadero dolor del pueblo. ¡Mira cómo saltó Iñaki Anasagasti el día que la "kale borroka" afectó a su madre! Precioso artículo aquel, del que sólo cabe lamentarque no lo hubiera escrito antes. Pues siempre que asesinan a un ser humano, matan a un hermano "nuestro", o a "nuestra" madre, o a alguien de "nuestro" pueblo, tenga el Rh que tenga.

Sé que muchos, en tu partido, comparten esto que te digo. No sé si son ésos a los que calificaste como "michelines" que sobran. Pero te asegu-ro que nombres como A. Cuerda, J. Etxeberria o J. Atutxa no son lastre, sino lustre para tu partido. Recuerda que ya una vez propiciaste una ruptura estúpida en el seno del PNV. Entonces por incompatibilidades personales con Garaikoetxea, según parece. Si ahora se produjera por motivos ideológicos, éticos o políticos, sería fatal para tu pueblo. Querido Xabier, hace casi cuarenta años que nos conocimos. Cuarenta años son muchos en la trayectoria de un ser humano. No estará de más preguntarse si no habrá llegado la hora de retirarse (como hizo esa persona ejemplar que fue José A. Ardanza). ¿Recuerdas el caso de Carrillo o el actual de Juan Pablo II? No hacen bien esas gentes que se creen investidas de una misión histórica o divina, y no hacen más que obstaculizar la historia mientras, sin que ellos lo sepan, casi todo el mundo en derredor suyo vive esperando su desaparición del escenario.

Me alegraré si me contestas. Sólo te pediría que lo hagas con argumentos y no con adjetivos. Agur, bihotz bihotzez...

 


(*) J. IGNACIO GONZÁLEZ FAUS es responsable académico del centro Cristianisme i Justícia


Publicado en La Vanguardia - Barcelona, 25 noviembre 2000